viernes, 20 de febrero de 2015

Puntas cinematográficas: The Grand Budapest Hotel (dir. Wes Anderson, 2014)

Bueno, esta es otra de mis favoritas, junto con The Fall.

Estaba leyendo este artículo de Open Culture acerca de la cinematografía de Wes Anderson cuando una frase saltó por encima de las otras, frase que podríamos parafrasear: "Todas las películas de Wes Anderson son comedias y, al mismo tiempo, no lo son".

No estoy familiarizada con las otras películas del director, aunque me las han recomendado bastante, pero creo que no hay mejor manera de describir el sentimiento que se apoderó de mí en el cine cuando terminó The Grand Budapest Hotel. Porque si bien tiene una dinámica muy atrapante de misterio por resolver al estilo, por ejemplo, de The 39 Steps de Hitchcock, un ritmo muy cómico (muy particular de su director, al parecer), secuencias que recuerdan al cine blanco y negro de los Hermanos Marx o incluso, a veces, de Chaplin, toda la pieza está inundada por una melancolía indescriptible, de un mundo que ya no está, de una gloria sólo recuperable en el mundo del relato que Zero Mustafa reconstruye para su oyente (y para nosotros).


Quizá parte de este clima melancólico del tono que impone su final no brusco pero decididamente triste (¿spoilers?) se desprende de los textos de Stefan Zweig que el mismo Anderson dice fueron inspiración para uno de sus personajes principales, el de Mounsieur Gustave H. (papel interpretado magistralmente por el siempre maravilloso Ralph Fiennes y que le valió otra nominación al Oscar).  


Por lo que se puede leer en este interesantísimo intercambio, la obra de Zweig se afianza en un intento de recapturar una era perdida, Viena antes de la guerra, (re)construir una ilusión lo suficientemente sólida para escapar de la realidad de la ocupación nazi y la destrucción de un mundo que ya nunca sería el mismo. Gustave H., con todas sus excentricidades y frivolidades, es junto a Zero el héroe de la historia al vivir creyendo que vale la pena mantener viva la decencia, la gracia y el decoro en un mundo cada vez más gris.

Zero dice de él:  
To be frank, I think his world had vanished long before he ever entered it. But I will say, he certainly sustained the illusion with a marvelous grace.
El Gran Hotel Budapest es una intitución tan legendaria y una especie tan extinta como su concierge. Llegamos para verlo en ruinas, ni siquiera una sombra de su pasado de esplendor. Éste sólo queda preservado en la fantasía elaborada por la memoria de Zero Mustafa y destreza del escritor a quien le cuenta sus desventuras.

Esto es importante. Sin Zero no tendríamos nada, el hotel sería otro establecimiento gris y M. Gustave no habría entrado en escena. Zero es alguien que, como su precursor, se ha arraigado a una fantasía (el hotel, por todo su lujo imposible, no es más que una maqueta, como nos recuerdan tantos cuadros de la película) para escapar del horror de la guerra, de la persecusión, y para preservar (en el hotel, en su relato, en el relato del escritor) la presencia de las dos personas más importantes en su vida (Ágatha y M. Gustave).


Gustave, Ágatha y Zero comparten la vocación de crear belleza en medio de un mundo bombardeado, asediado, escindido. Comparten la apreciación del lujo asociado con el refinamiento, la creencia de que incluso en el peor de los mundos, tanto el arte y la poesía como los valores como el respeto por el otro deben tener un lugarcito en nuestra alma y que, por más chiquito que sea, no debemos dejar de cultivarlos ya que es constitutivo de nuestra humanidad.

Es una película que, cuando termina, quiero que empiece otra vez. Creo que me gustó antes de verla... y después, aún más.

[Hablando de libros, ¡qué dicha sería hacerse con The Society of the Crossed Keys: Selections From The Writings Of Stefan Zweig, Inspirations For The Grand Budapest Hotel!] 

jueves, 19 de febrero de 2015

Hamlet isn't just Hamlet

Oh, no! Hamlet is me, Hamlet is Bosnia, Hamlet is... this desk! Hamlet is the air! Hamlet is my grandmother. ~ In the Bleak Midwinter (dir. Kenneth Branagh, 1995). 
Kenneth Branagh sí que se dio el gusto: contó en la hermosa comedia, In the Bleak Midwinter, la historia de un actor en crisis que necesita reencontrarse y decide hacer una cooperativa para montar Hamlet en Navidad. Un año después estrenó su Hamlet de 1996 (una versión monumental, no sólo por su elenco plagado de celebridades, ni por la dirección de arte o los escenarios espectaculares, sino por su extensión: ¡casi cuatro horas!).

Versiones. La obra shakespereana ha sido rescatada a través de las épocas y transformada en este proceso. Distintas tradiciones la han visto y reformulado desde su óptica particular: han partido y vuelto a ella, muchas veces para hablar de sí mismas y su propio tiempo, más que de la producción isabelina.

Elementos de las obras han resultado ser altamente productivos y muy valorizados por narrativas modernas: tomemos como ejemplo la problemática ligada a la disputa por el poder tal como se plantea en obras de distinta índole, desde El Rey León - reescritura de Hamlet - hasta la popular serie de Netflix, House of Cards - que se nutre tanto de Macbeth como de Richard III (incluso de Julius Caesar cuando Francis Underwood, mirando a la cámara, caminando por los pasillos de la Casa Blanca, cita a Marco Antonio cuando dice "cry 'havoc!' and let slip the dogs of war!").

No podemos dar dos pasos sin toparnos con el Bardo, dice Bernard Levin. A través de la concepción del lenguaje como "un mosaico de citas", nos muestra cómo han perdurado en el inglés moderno expresiones de la obra de Shakespeare.



En este sketch, el talentoso elenco de Horrible Histories nos lo dice con un mucho más swing:


Parecería, entonces, que Shakespeare nos rodea. De manera literal, en este momento, en Buenos Aires, ya que a partir de mañana empieza una nueva edición del Festival Shakespeare, una propuesta que reúne espectáculos, cursos, charlas y proyecciones en diversos centros culturales, teatros y espacios de la ciudad. (¡Las entradas son gratuitas y los cupos limitados, así que a no dormirse!)

Hamlet isn't just Hamlet. Y sí. La realidad es que, más allá de las reflexiones acerca de lo que se ha hecho y se hará con la obra de Shakespeare, cuando algo nos gusta es inevitable encontrarlo en todas partes. 

martes, 10 de febrero de 2015

Puntas cinematográficas: Frances Ha (dir. Noah Baumbach, 2013)

Que un viernes esté viendo nada más y nada menos que Frances Ha y que el próximo viernes me esté yendo unos días de vacaciones con una amiga a las sierras me parece algo maravillosamente perfecto.



Esta película vino a mí de casualidad. Creo que vi una foto o una frase en un blog ignoto hace no mucho tiempo y decidí que tenía que verla. No conocía ni al realizador, ni a los actores, sólo que formaba parte de la colección Criterion, que estaba en blanco y negro y que era terriblemente reciente.

Los avances me habían prometido una comedia desopilante que nunca llegó. Creo que puedo asegurar sin mentir que no me reí en ninguna parte. La vi, la terminé y seguí con mi día, con la única diferencia de que no podía dejar de pensar en ella.



Frances y Sophie son mejores amigas. Viven juntas, toman el subte juntas. Se esperan, se llaman, se necesitan. Se parecen y son diferentes. Frances se define en función de Sophie. Esa es la amistad, eso es el amor, ¿no? ¿Pensarse en función del otro? Frances opinaría que sí.

Ambas tienen una vida imaginada que están poniendo en acto en Nueva York. Sophie quiere ser editora, Frances, bailarina de danza moderna. Sueñan con el éxito y con viajes a París. Siempre juntas. Ellas contra el mundo. Thelma y Louise, sólo que sin acantilados.

Frances Ha tiene dos cosas que me resultan terriblemente interesantes:

Mirarse, realmente mirarse y decirse la verdad es una de las cosas más dolorosas y difíciles que existen. Hay un momento en que tenemos que enfrentarnos con esas cosas que no nos gustan de nosotros para poder definir exactamente qué queremos ser. En Frances vemos a alguien que se escapa permanentemente de esta confrontación, que se aferra a una fantasía caduca con tanto ahínco que las mentiras a sí misma y hacia los demás llegan al punto del absurdo.

Relacionado con esto está la naturaleza del amor: en la película está permanentemente el valor del equipo, de la familia, de los afectos, de los amigos; la realización personal no significa que estemos solos, pero el hecho de que estar con otro significa justamente no olvidarse de uno mismo, no desaparecer en el otro.

Ser uno con otro es ser dos distintos que eligen acompañarse.

Esta película tiene una de las mejores definiciones de amor o de lo que es, para mí, estar en una relación. Ese ser con otro. Esa tranquilidad de saberse parte:
It's that thing when you're with someone, and you love them and they know it, and they love you and you know it... but it's a party... and you're both talking to other people, and you're laughing and shining... and you look across the room and catch each other's eyes... but - but not because you're possessive, or it's precisely sexual... but because... that's your person in this life. And it's funny and sad, but only because this life will end, and it's this secret world that exists right there in public, unnoticed, that no one else knows about. It's sort of like how they say that other dimensions exist all around us, but we don't have the ability to perceive them. That's - That's what I want out of a relationship. Or just life, I guess. 
Tanto en los desplazamientos físicos como los viajes emocionales, la premisa sería la misma: no necesitamos ir siempre uno al lado del otro sino seguirnos, confiar en que nos alcanzaremos en algún punto del camino y vamos a estar muy felices de encontrarnos otra vez.

lunes, 26 de enero de 2015

Y a veces escribo: De amor, herido.

Desconozco cuántos estudiantes de Letras entran en la carrera porque quieren ser escritores. Pero me aventuraría a afirmar que la mayoría, en algún momento, con más o menos arrojo o disfrute, hemos intentado escribir. Ficción, me refiero.  

Tuve hermosas experiencias en talleres literarios. Este texto, sin embargo, me sorprendió en medio de una cursada. 

Fue en plena Literatura Española Medieval. Estábamos leyendo sobre ficción sentimental, el concepto de amor cortés y la lírica cancioneril. Creo que no casualmente, por esa época también, me la pasaba escuchando Lorquianas, un CD de Ana Belén en el que canta, con distintos arreglos, canciones cuyas letras son poemas de Federico García Lorca. 

Claro. Era cuestión de tiempo. 

Se alinearon una relectura de Cárcel de amor de Diego de San Pedro y Herido de amor por la dupla Lorca-Belén: y cuando me quise dar cuenta, los dedos se me fueron solos sobre el teclado. Y aquí estamos: 


“…vile meter en una prisión dulce para su voluntad y amarga para su vida, donde todos los males del mundo sostiene.”

Cárcel de Amor de Diego de San Pedro


Ya de amor herido,
corazón en carne sangrando,
está el enamorado temblando
de violenta pasión, cautivo.

Cadenas de Cárcel le atan
en dulce sometimiento
y contra todo entendimiento
manteniéndole vivo le matan.

Soporta Leriano el asedio
de mil torturas sin mengua
sufriendo crueldad sin tregua
de dama que no da remedio.

¡Quiera Fortuna latente
darle servidor piadoso
que lleve a su Alma reposo
y a escribir sus cuitas le aliente!

*

Lenta carta florece
contando de su servicio,
de a poco en cada suplicio
escribiendo, desfallece.

Amor le insta a pedir
galardón de tal tamaño:
que a Laureola le pese sin daño
el mal de su sufrir.

*

(Arrojado entre penares
su mera existencia denuesta:
“¿Qué clase de vida es ésta
que por ella no puedo vivir?
¡Mayor bien es morir
de Amor esperando respuesta!”).




Parafraseando a Petrarca, uno podría decir que el poeta no es poeta por la mujer a la que logra seducir, sino por la que no le da bola. Laura es su Daphne y, escapándosele, lo convierte en Apolo. El texto es el único cuerpo que el poeta alcanza. Lo moldea, lo construye de palabras y el toque de la pluma, como el del dios a la ninfa, hace que Laura sea laurel, su laurel, laurel de poeta laureado. Consagrado, sí, pero enfermo de un amor terrenal por la musa. 

El poeta sufre como Leriano. Ambos, enfermos, desfallecientes, enamorados, escriben. Quizá esa pulsión de tener, de leerse y ser leído, de alcanzar aunque sea con la palabra lo que más se ambiciona es lo que me contagió, lo que me empujó a que yo también hiciera como ellos y me muriera un poquito, por un rato, en un poema. 

Ahora también hago como el enamorado, y comparto, con esperanza y sin remedio. 



Bonus track: literalmente, el track de Lorquiana. Amor y sufrimiento: poema de Lorca, voz de Ana Belén y música de Joan Manuel Serrat. Im-per-di-ble.  



lunes, 19 de enero de 2015

Economía literaria

Revisando mi muro en Facebook, me encontré con una nota interesante en The Telegraph. Por lo menos, me sentí un poco menos sola: alguien más estaba hablando de cómo nuestro tiempo de lectura es limitado, no sólo por las obligaciones extraliterarias que tenemos que enfrentar, ni por la energía y concentración que nos lleva introducirnos y transitar un relato, sino también, y principalmente, porque nuestro tiempo total de vida es todo el tiempo que tenemos para llevar a cabo nuestros anhelos.

"Life's too short for bad coffee", dicen los cibercafenautas, y parece que para libros que no nos atrapen, también.

Igual entiendo que no es fácil. Umberto Eco, al hablar de su obra en Apostillas a El nombre de la rosa, dice que en su momento, incitado por la editorial a que suprimiera o redujera significativamente las primeras cien páginas de su novela, se negó rotundamente, con el siguiente argumento: 
... sostuve, si alguien quería entrar en la abadía y vivir en ella siete días, tenía que aceptar su ritmo. Si no lo lograba, nunca lograría leer todo el libro. De allí la función de penitencia, de iniciación, que tienen las primeras cien páginas; y, si a alguien no le gusta, peor para él: se queda en la falda de la colina.

Eco introduce, al hablar de su novela (y a través de ella, de todas las novelas), el concepto de "respiración". Parecería que, como sucede cuando uno comienza a entrenar en una actividad física, el lector debe "aprender a respirar" para seguir el ritmo de la narración. Más allá de lo ambicioso que pueda parecer, no todas las lecturas son iguales y creo que, sin importar el nivel de teoría literaria que el lector tenga o no encima, uno puede llegar a discriminar. No siempre tenemos ganas de subir una montaña. A veces nos queremos sentar a mirar el horizonte.


Hay obras que nos atrapan inmediatamente, otras que van creciendo como una llama lenta y constante. Unas que dejamos demasiado rápido y otras que no soltamos a tiempo. Libros con los que cumplimos una lectura y otros a los que volvemos, aunque sea por fragmentos. Hay quienes no toleran que un libro los aburra y otros que siguen hasta el final sin importar el costo.

Detrás de cada elección, así como de cada recomendación, hay motivos que exceden lo literario. La realidad se impone: por gusto, afinidad o influencia, elegimos. Tenemos que elegir. La vida es corta y los libros son muchos.

¿Qué nos queda, entonces? Calculo que, sea lo que sea que elijamos, ya sea que estemos destinados a acertar o equivocarnos, siempre tratar de ser sinceros con nosotros mismos. 

jueves, 15 de enero de 2015

The Hart of the King - Ricardo II

"I live with bread like you, feel want,
Taste grief, need friends: subjected thus,
How can you say to me, I am a king?"

– William Shakespeare, Richard II (III, ii)

destruido
destronado
des-co-ro-na-do
In the sweat of thy face shalt thou eat bread, 
Vuelve a ser hombre.
till thou return unto the ground;
¿Y qué es un hombre?
ceniza
y
polvo.

...

The White Stag de Ruth Sanderson - Web: http://goldenwoodstudio.com/art/fantasy/

El ciervo (hart en inglés) es uno de los animales más curiosos de la imaginería medieval. En la mitología celta el ciervo blanco es, al parecer, uno de los más antiguos, asociado muchas veces con la fertilidad. En los relatos de materia artúrica aparece asociado con la divinidad, siendo uno de los símbolos de Cristo.

El rey Ricardo II de Inglaterra (1367-1400) lo hizo formar parte de su heráldica (ver el Díptico de Wilton): detrás de esta decisión, según explica Jonathan Hughes en este artículo de History Today, habría razones que entrelazan concepciones alquímicas, creencias paganas y símbolos cristianos: la identificación del blanco con lo divino, dicotomía cuerpo y alma expresada en el mercurio (asociado con la figura de Cristo pero también con la luna) atrapado en el mundo material sulfúrico (en el que conviven tanto el sol como Lucifer).

El conflicto entre dos componentes dicotómicos pero inseparables (mercurio-sulfuro, luz-oscuridad, cuerpo-alma) se encuentra expresado, en otros términos, en las líneas citadas de Ricardo II de William Shakespeare. Si las circunstancias particulares de su nacimiento y la majestad de su poder condensadas en la identificación con el ciervo blanco en el mundo llevan a Ricardo a pensarse divino, celeste e inalcanzable, las intrigas, las ambiciones y las alianzas (creadas y rotas) lo arrastran de vuelta al mundo de los hombres. Ricardo II no es, de ninguna manera, un documento histórico: es una obra magnífica que muestra el viaje de descenso del rey hasta, literalmente, volver a la tierra (de la vida humana, del lecho de muerte) y, a su vez, al tiempo en que reconoce plenamente su mortalidad, de un ascenso espiritual que ninguna corona terrenal le podría haber otorgado.

Para los valientes, a continuación el link al texto de la obra completa en inglés.

[Respecto de la iconografía medieval, y como permanente buscadora de libros, comparto mi ansiedad por encontrarme cara a cara con Una historia simbólica de la Edad Media occidental de Michel Pastoureau, del cual vi sólo fragmentos y promete ser muy interesante].

sábado, 10 de enero de 2015

Puntas cinematográficas: The Fall (dir. Tarsem Singh, 2006)

Dicen que no hay dos sin tres, así que a las dos recomendaciones literarias, le sumo una cinematográfica:


The Fall, una película del año 2006, impresionante no sólo por su fotografía (que es alucinante) o lo épico de su despliegue, sino también por los temas que trata: la naturaleza de la ficción (sus recursos, sus peligros, sus maravillas), la ¿magia? particular que implica y genera el acto de narrar - para otro y con otro - y la posiblidad de transformar no sólo nuestras fantasías sino nuestra propia vida, tomando conciencia de nuestra capacidad creativa y emocional para asumirnos en ella como protagonistas.

(ADVERTENCIA: EL TRAILER CONTIENE SPOILERS)



En un blog llamado The Fan Meta Reader, hay un posteo muy interesante acerca del simbolismo en la obra. Aquellos fans del realismo que sientan que quizá es demasiado loca, fantasiosa o descabellada, les sugiero que le den una oportunidad y que luego (si saben inglés) visiten el enlace:

http://thefanmetareader.wordpress.com/2014/11/26/answering-the-critics-of-tarsem-singhs-the-fall-by-othermelissawyatt/

En pocas palabras, es una película que hay que ver, como dijo acertadamente un crítico, simplemente porque nunca habrá otra igual.

Eso sí. Tener pañuelos a mano.