lunes, 19 de enero de 2015

Economía literaria

Revisando mi muro en Facebook, me encontré con una nota interesante en The Telegraph. Por lo menos, me sentí un poco menos sola: alguien más estaba hablando de cómo nuestro tiempo de lectura es limitado, no sólo por las obligaciones extraliterarias que tenemos que enfrentar, ni por la energía y concentración que nos lleva introducirnos y transitar un relato, sino también, y principalmente, porque nuestro tiempo total de vida es todo el tiempo que tenemos para llevar a cabo nuestros anhelos.

"Life's too short for bad coffee", dicen los cibercafenautas, y parece que para libros que no nos atrapen, también.

Igual entiendo que no es fácil. Umberto Eco, al hablar de su obra en Apostillas a El nombre de la rosa, dice que en su momento, incitado por la editorial a que suprimiera o redujera significativamente las primeras cien páginas de su novela, se negó rotundamente, con el siguiente argumento: 
... sostuve, si alguien quería entrar en la abadía y vivir en ella siete días, tenía que aceptar su ritmo. Si no lo lograba, nunca lograría leer todo el libro. De allí la función de penitencia, de iniciación, que tienen las primeras cien páginas; y, si a alguien no le gusta, peor para él: se queda en la falda de la colina.

Eco introduce, al hablar de su novela (y a través de ella, de todas las novelas), el concepto de "respiración". Parecería que, como sucede cuando uno comienza a entrenar en una actividad física, el lector debe "aprender a respirar" para seguir el ritmo de la narración. Más allá de lo ambicioso que pueda parecer, no todas las lecturas son iguales y creo que, sin importar el nivel de teoría literaria que el lector tenga o no encima, uno puede llegar a discriminar. No siempre tenemos ganas de subir una montaña. A veces nos queremos sentar a mirar el horizonte.


Hay obras que nos atrapan inmediatamente, otras que van creciendo como una llama lenta y constante. Unas que dejamos demasiado rápido y otras que no soltamos a tiempo. Libros con los que cumplimos una lectura y otros a los que volvemos, aunque sea por fragmentos. Hay quienes no toleran que un libro los aburra y otros que siguen hasta el final sin importar el costo.

Detrás de cada elección, así como de cada recomendación, hay motivos que exceden lo literario. La realidad se impone: por gusto, afinidad o influencia, elegimos. Tenemos que elegir. La vida es corta y los libros son muchos.

¿Qué nos queda, entonces? Calculo que, sea lo que sea que elijamos, estemos destinados a acertar o equivocarnos, siempre tratar de ser sinceros con nosotros mismos. 

jueves, 15 de enero de 2015

The Hart of the King - Ricardo II

"I live with bread like you, feel want,
Taste grief, need friends: subjected thus,
How can you say to me, I am a king?"

– William Shakespeare, Richard II (III, ii)

destruido
destronado
des-co-ro-na-do
In the sweat of thy face shalt thou eat bread, 
Vuelve a ser hombre.
till thou return unto the ground;
¿Y qué es un hombre?
ceniza
y
polvo.

...

The White Stag de Ruth Sanderson - Web: http://goldenwoodstudio.com/art/fantasy/

El ciervo (hart en inglés) es uno de los animales más curiosos de la imaginería medieval. En la mitología celta el ciervo blanco es, al parecer, uno de los más antiguos, asociado muchas veces con la fertilidad. En los relatos de materia artúrica aparece asociado con la divinidad, siendo uno de los símbolos de Cristo.

El rey Ricardo II de Inglaterra (1367-1400) lo hizo formar parte de su heráldica (ver el Díptico de Wilton): detrás de esta decisión, según explica Jonathan Hughes en este artículo de History Today, habría razones que entrelazan concepciones alquímicas, creencias paganas y símbolos cristianos: la identificación del blanco con lo divino, dicotomía cuerpo y alma expresada en el mercurio (asociado con la figura de Cristo pero también con la luna) atrapado en el mundo material sulfúrico (en el que conviven tanto el sol como Lucifer).

El conflicto entre dos componentes dicotómicos pero inseparables (mercurio-sulfuro, luz-oscuridad, cuerpo-alma) se encuentra expresado, en otros términos, en las líneas citadas de Ricardo II de William Shakespeare. Si las circunstancias particulares de su nacimiento y la majestad de su poder condensadas en la identificación con el ciervo blanco en el mundo llevan a Ricardo a pensarse divino, celeste e inalcanzable, las intrigas, las ambiciones y las alianzas (creadas y rotas) lo arrastran de vuelta al mundo de los hombres. Ricardo II no es, de ninguna manera, un documento histórico: es una obra magnífica que muestra el viaje de descenso del rey hasta, literalmente, volver a la tierra (de la vida humana, del lecho de muerte) y, a su vez, al tiempo en que reconoce plenamente su mortalidad, de un ascenso espiritual que ninguna corona terrenal le podría haber otorgado.

Para los valientes, a continuación el link al texto de la obra completa en inglés.

[Respecto de la iconografía medieval, y como permanente buscadora de libros, comparto mi ansiedad por encontrarme cara a cara con Una historia simbólica de la Edad Media occidental de Michel Pastoureau, del cual vi sólo fragmentos y promete ser muy interesante].

sábado, 10 de enero de 2015

Puntas cinematográficas: The Fall (dir. Tarsem Singh, 2006)

Dicen que no hay dos sin tres, así que a las dos recomendaciones literarias, le sumo una cinematográfica:


The Fall, una película del año 2006, impresionante no sólo por su fotografía (que es alucinante) o lo épico de su despliegue, sino también por los temas que trata: la naturaleza de la ficción (sus recursos, sus peligros, sus maravillas), la ¿magia? particular que implica y genera el acto de narrar - para otro y con otro - y la posiblidad de transformar no sólo nuestras fantasías sino nuestra propia vida, tomando conciencia de nuestra capacidad creativa y emocional para asumirnos en ella como protagonistas.

(ADVERTENCIA: EL TRAILER CONTIENE SPOILERS)



En un blog llamado The Fan Meta Reader, hay un posteo muy interesante acerca del simbolismo en la obra. Aquellos fans del realismo que sientan que quizá es demasiado loca, fantasiosa o descabellada, les sugiero que le den una oportunidad y que luego (si saben inglés) visiten el enlace:

http://thefanmetareader.wordpress.com/2014/11/26/answering-the-critics-of-tarsem-singhs-the-fall-by-othermelissawyatt/

En pocas palabras, es una película que hay que ver, como dijo acertadamente un crítico, simplemente porque nunca habrá otra igual.

Eso sí. Tener pañuelos a mano.

Puntas literarias: Huidobro y Ocampo.

En un taller literario, hace tiempo, me hicieron dos recomendaciones de lectura: Vicente Huidobro y Silvina Ocampo.

El primero me robó el corazón, literariamente hablando, con su "Arte Poética" y con Silvina tuve el placer de encontrarme en una cursada de Literatura Argentina II, donde una de las obras a leer fue su libro de cuentos, Autobiografía de Irene (cuya joya máxima, en mi opinión, es el cuento homónimo).

Hay recomendaciones que son como piedras preciosas que se comparten y pasan de una mano a otra con una mirada brillante. Las repito, entonces, para compartirlas, como me fueron compartidas a mí,  para que las mismas gotas oraden la piedra de otras imaginaciones.

¡Buena lectura!

(A continuación, el poema de Huidobro. Si tengo la misma suerte de encontrar el cuento de Silvina, lo traeré para que le haga compañía. Búsquenlo. Es imperdible).

ARTE POÉTICA ~ Vicente Huidobro. 

Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.
Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
el adjetivo, cuando no da vida, mata.
Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los museos;
mas no por eso tenemos menos fuerza:
el vigor verdadero
reside en la cabeza.
Por qué cantáis la rosa, ¡oh poetas!
hacedla florecer en el poema.
Sólo para nosotros
viven todas las cosas bajo el sol.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Círculo de lectores

No me refiero en este caso a los cafés literarios, ni a personas que se reúnen a compartir sus impresiones sobre una obra determinada, sino específicamente a un círculo vicioso bien de lector del que soy presa desde que tengo memoria.

La secuencia es la siguiente:

1°) Busco un libro en la biblioteca 
2°) Lo encuentro
3°) Lo saco para leerlo a la brevedad

Aclaro que no hago esto con uno sino con cinco por semana. Como no llego a leer ninguno, tampoco vuelven a su lugar, lo cual significa que terminan todos apilados. Y cuando te querés dar cuenta, libros arriba del escritorio, libros arriba de la mesita de luz. ¡Libros en todas partes! (eso sí, nunca en el piso).

Minerva se puso firme y me prohibió apilar libros arriba de la cama

En resumen: media biblioteca afuera, desparramada por toda la habitación, sin siquiera una página entera leída. Llega el viernes, me enfrento con este panorama y, pim-pam-pum, llegamos al punto culminante del proceso:

4°) ¡CULPA! Acompañada de sus amigos entrañables, frustración y desaliento.

Naturalmente, como sucede con todos los círculos viciosos, no aprendo nunca y vuelta a empezar todo de nuevo.

Y así estoy. 

El sábado pasado, mientras guardaba todo por enésima vez, decidí que es hora de terminar cortar. Ya lo tengo todo pensado. El lunes que viene me voy a frenar, voy a respirar hondo, contar hasta veinte y a plantearme sinceramente que tener libros juntando polvo en el escritorio no es la solución. 

(Tampoco sirve para nada sacarlo a pasar en la mochila y no tocarlo en toda la semana. Esa es otra forma de ansiedad irresuelta que quizá sea motivo de reflexión de otra entrada)

¿Sirven los cronogramas de lectura? ¿Existen? ¿Dónde, cómo y cuándo lee la gente, tienen idea? ¡A ver si de a poco me puedo plantear metas más realistas y, en vez de terminar con pilas de libros sin leer abajo de la cama, puedo avanzar en la conquista de mi biblioteca!


sábado, 25 de octubre de 2014

¡En construcción!

Este blog hizo un stop, está recalculando, tomándose un cafecito y, sobre todo, tiempo para pensar.