miércoles, 29 de octubre de 2014

Círculo de lectores

No me refiero en este caso a los cafés literarios, ni a personas que se reúnen a compartir sus impresiones sobre una obra determinada, sino específicamente a un círculo vicioso bien de lector del que soy presa desde que tengo memoria.

La secuencia es la siguiente:

1°) Busco un libro en la biblioteca 
2°) Lo encuentro
3°) Lo saco para leerlo a la brevedad

Aclaro que no hago esto con uno sino con cinco por semana. Como no llego a leer ninguno, tampoco vuelven a su lugar, lo cual significa que terminan todos apilados. Y cuando te querés dar cuenta, libros arriba del escritorio, libros arriba de la mesita de luz. ¡Libros en todas partes! (eso sí, nunca en el piso).

Minerva se puso firme y me prohibió apilar libros arriba de la cama

En resumen: media biblioteca afuera, desparramada por toda la habitación, sin siquiera una página entera leída. Llega el viernes, me enfrento con este panorama y, pim-pam-pum, llegamos al punto culminante del proceso:

4°) ¡CULPA! Acompañada de sus amigos entrañables, frustración y desaliento.

Naturalmente, como sucede con todos los círculos viciosos, no aprendo nunca y vuelta a empezar todo de nuevo.

Y así estoy. 

El sábado pasado, mientras guardaba todo por enésima vez, decidí que es hora de terminar cortar. Ya lo tengo todo pensado. El lunes que viene me voy a frenar, voy a respirar hondo, contar hasta veinte y a plantearme sinceramente que tener libros juntando polvo en el escritorio no es la solución. 

(Tampoco sirve para nada sacarlo a pasar en la mochila y no tocarlo en toda la semana. Esa es otra forma de ansiedad irresuelta que quizá sea motivo de reflexión de otra entrada)

¿Sirven los cronogramas de lectura? ¿Existen? ¿Dónde, cómo y cuándo lee la gente, tienen idea? ¡A ver si de a poco me puedo plantear metas más realistas y, en vez de terminar con pilas de libros sin leer abajo de la cama, puedo avanzar en la conquista de mi biblioteca!


sábado, 25 de octubre de 2014

¡En construcción!

Este blog hizo un stop, está recalculando, tomándose un cafecito y, sobre todo, tiempo para pensar.